Anteayer nos sorprendió la noticia de un esquiador español desaparecido en el macizo del Mont Blanc. Lo que nos sorprendió no es la noticia en sí, aunque trágica, sino la manera en que se ha producido.

Un grupo de seis personas, procedentes de Sevilla, se aventura a hacer La Vallée Blanche con esquís. Esto consiste en subir desde Chamonix con el teleférico de Aiguille du Midi a 3800 metros y bajar esquiando por un valle que llega casi de vuelta a Chamonix. Es todo un clásico, y la verdad, a veces con demasiada gente. Y es precisamente eso, el que mucha gente lo haga, que tiende a banalizar este descenso. No hay que olvidar que se esquía sobre glaciar, por lo tanto los riesgos son altos.

Entre los seis españoles, uno de ellos tenia un bajo nivel de esquí. A nuestro juicio ese fue el gran error, aventurarse en algo que le sobrepasa completamente. Después, y esto es lo que nos deja atónitos, los otro cinco miembros del grupo, viendo que su amigo les retrasa mucho la bajada, deciden dejarle solo. Así de sencillo, le dejan solo y le comentan que se ven abajo. Este es el segundo error, dividir el grupo. En montaña, salvo casos bien controlados, el grupo nunca se divide. Nunca. El ritmo siempre se adapta al más débil o menos cualificado del grupo, pero nunca se divide el grupo y mucho menos se deja solo al que es más débil. O todos llegan al destino o se da media vuelta, se abandona, se llama al servicio de rescate en montaña, lo que queráis. En este caso de los sevillanos, los esquiadores más experimentados podrían haber ayudado a su amigo, con paciencia y buen hacer, a llegar hasta el destino. Probablemente no se hubieran divertido, ya, pero una vez cometido el primer error (aventurarse en algo que sobrepasa a uno de ellos), al menos evitar el segundo y decisivo.

A última hora de ayer el servicio de rescate en montaña de Chamonix no tenia ninguna pista del paradero del sevillano desaparecido.