Hace unos días estuve en Dubai visitando a un amigo. Dubai sorprende por sus inmensos edificios y se la podría calificar como una ciudad vertical. Ciudad surgida en medio del desierto. Entre sus edificios hay uno que destaca sobre el resto: la torre Burj Khalifa, el edificio más alto del mundo. Por supuesto, visita obligada. Incluso a una distancia bastante considerable y usando un gran angular, los 828 metros de la torrecita no entran en la foto.

El ascensor turístico “sólo” llega a la planta 124. De la planta 0 a la 124 en 60 segundos, nada mal. Y todo ello aderezado con un gran juego de música y luces. Una pena que el ascensor no vaya por el exterior del edificio para ser conscientes de la ascensión meteórica.
Una vez arriba, las vistas son las típicas de cuando se despega en avión, con la diferencia de que no se está en un avión. El mundo a tus pies, literal. Los grandes edificios que se veían abajo, cerca del Burj Khalifa, no son ahora mas que edificios de juguete, meras construcciones de Monolopy. Las autopistas de 7 carriles con sus nudos imposibles son preciosos Scaletrix con diminutos coches. Las vistas se harían infinitas si no fuera por la eterna neblina que reina en la atmósfera de Dubai.





Al final uno se acostumbra a tanta altura y ostentación, señal inequívoca de que ha llegado la hora de abandonar los cielos y bajar en 60 segundos a la mortal tierra.





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